Desperate Housewives Bloggers Day: La mentira de los barrios residenciales

Publicado en mayo 14, 2012

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Con motivo del final de la serie Mujeres Desesperadas, unos cuantos blogueros (19, que se dice pronto), hemos decidido rendirle un homenaje a la serie, escribiendo sobre aquellos temas que más nos fascinan sobre ella. Lo hemos llamado Desperate Housewives Bloggers Day, y aquí está el resultado.

A mí uno de los muchos temas que me atrapan de Mujeres Desesperadas, es la descrpición voraz del barrio residencial o los suburbios, que lo llaman ellos. Ahora, como veremos más adelante, es muy común que tanto en el cine como en las series de televisión, se hagan reinterpretaciones irónicas de lo que debería ser un barrio residencial, pero estoy completamente seguro de que el éxito de Mujeres Desesperadas ha llevado a normalizar esta percepción.

Si echamos un ojo a la historia de la ficción, encontramos que la vida en los suburbios se ha tratado en multitud de series. Así a bote pronto me vienen a la cabeza series como Los Problemas Crecen, Matrimonio con Hijos o Blossom. Elijo estas tres porque me salen de ahí abajo, ya que la lista es interminable. Sin embargo estas tres, por ejemplo, al final lo que plantean son situaciones cómicas ( con según qué momentos dramáticos, pero más de personajes que de ambientes) que se podrían dar en cualquier otro espacio. ¿Qué es lo que hace diferente a Mujeres Desesperadas y lo que me incita a escribir esta entrada? Daré tres motivos, por si os parecía poco.

En primer lugar, la implicación completa de las tramas con el barrio. Desde el capítulo 1, es más, desde ese primer plano con el autobús entrando en el barrio, Wisteria Lane ha sido, perdón por la boutade, un personaje más. Suena a “la isla es un personaje más” o a “el bosque tiene entidad propia”, pero es que es verdad. Si os parece menos pedante, diré que Wisteria Lane no se limita sólo a contextualizar una serie de tramas y personajes, sino a interactuar con el espectador de manera directa. Me parece a mí que no lo he terminado de arreglar. En todo caso, el simple hecho de que le puedas decir a tu madre: Wisteria Lane, y ella te responda: Mujeres Desesperadas, es síntoma de lo que acabo de explicar.

En segundo lugar, es el tono y la propia estructura de la serie. Prácticamente todos los episodios comienzan con esa voz en off de Mary Alice, describiéndote acciones, en teoría triviales, que uno puede reconocer en cualquier barrio residencial que haya visitado  alguna vez. En general, esta estructura de la serie sirve muy bien para evidenciar cómo la serie reflexiona sobre el American Way of Life, y cierta hipocresía que se respira en estos ambientes de la clase alta americana. De alguna manera, los primeros minutos de cada episodio sirven para decir al espectador: “eh, mira. ¿ves a estas señoras haciendo footing cada mañana mientras dejan el pollo macerando?”, para luego abofetearles con un: “Pues al llegar a casa se enfundan un traje de cuero bondage”. Es ahí, en esa bofetada, donde radica la magia de Mujeres Desesperadas. Es cierto que en según qué momentos la serie es absurda, y casi de ciencia ficción, pero las amas de casa americanas, y nosotros, lo vemos con gusto, porque nos gusta ver que la gente que vive mejor que nosotros tiene trapos sucios, como todo hijo de vecino.

Y, en tercer lugar, evidentemente, la mujer. Nunca ninguna otra serie había puesto el punto de mira de manera tan directa en la ama de casa americana contemporánea. En esa que tiene que trabajar, cuidar de sus hijos, tener la casa más envidada del barrio y, encima, caber en un vestido de los que le deje su amiga exmodelo. Es cierto que  estas mujeres tan exageradas serán un porcentaje muy ridículo de la población americana, pero era necesario retratarlas en televisión. No sólo porque son personajes atractivos, claro está, sino porque sirven para reflejar aquello de “en todas partes se cuecen habas” y para denunciar, por qué no, que en el siglo XXI, esa mujer envidiada por todos, que es femina y feminista, que trabaja y es madre, sigue teniendo que luchar por algo tan absurdo como son las apariencias. Da un poco de pena cómo un personaje como Bree, que era la que llevaba por bandera todo lo que significa esta hipocresía (mujer educada en valores casi inquisitorios, republicana, reprimida, artificial, que de repente ha de aceptar que su hijo es homosexual), haya caído en los sinsentidos más locos del elemento culebronesco de la serie.

Es curioso como últimamente parece que la moda en cine y televisión va un poco más allá, me gusta pensar que gracias a iniciativas como Mujeres Desesperadas, y nos muestran de dónde viene todo este embrollo. Películas maravillosas como Revolutionary Road, o siguiendo con Kate Winslet, Mildred Pierce, que se sitúan precisamente en el nacimiento de este American Way of Life, y de los suburbios, y que no son más que una prueba de que a veces, esa anhelada perfección, esa artificialidad deseable, termina por tragarse a las personas, y mostrando su cara más oscura. También hay nuevas interpretaciones y puntos de vista como la comedia Suburgatory, desde el punto de vista adolescente, o Weeds, con ese giro tan gamberro. Incluso se intuyen en el horizonte algunas adaptaciones que van mucho más allá de todo esto, y transforma la vida en los suburbios en una auténtico carnaval como en Las Correcciones, novela de Jonathan Frazen, cuyo piloto para HBO, desgraciadamente, ha sido desestimado por la cadena.

En la primera primerísima escena de Mujeres Desesperadas se resume todo esto que acabo de explicar y que es, lo que en mi opinión, hace especial a la serie. Mary Alice, mujer 10 con una familia envidiable, una casa preciosa, un jardín perfecto; dedica una mañana entera a hacer sus tareas, como cada día, meticulosamente y con devoción. Cuando ha terminado todo, Mary Alice coge una pistola y se vuela los sesos. Es no sólo uno de los mejores comienzos de serie que he visto en mi vida, sino la muestra clara del afán transgresor de la serie. Más allá de toda la reinvención del soap opera, que hay mucho, o de la hibridación tan loca y tan genial de géneros (¿es una comedia? ¿un drama? ¿una serie de misterio?), lo que socialmente plantea Mujeres Desesperadas es un mazazo de lleno en la concepción idealizada de la vida deseada por millones de americanos ( y no americanos). No nos están describiendo familias desestructuradas a lo Six Feet Under, sino familias de verdad, de las que te encuentras el domingo en el parque y te comentan que todo les va de maravilla, y que se van de vacaciones a Marina D’Or en agosto, pero que luego guardan a uno de sus hijos encadenado en el sótano. Ahí reside el terror de los suburbios americanos. Por cierto, he terminado esta entrada sin decir la palabra WASP. Wasp.

Desperate Housewives Bloggers Day.

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