The Burning (1981): Slasher de fogata

Posted on abril 24, 2011

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En esa genial iniciativa que fue (es) Cineshock, impulsada entre otros por el inefable Popy Blasco, se proyectó en un caluroso viernes de junio la cinta The Burning (1981), slasher de campamento acusado en su día de ser un exploit oportunista de la histórica Viernes 13 (1980). Ese viernes de junio, por motivos que realmente no alcanzo a comprender, no pude acercarme a los Cines Luna ( o puede que me quedase en la cola, la memoria me falla últimamente). En realidad, Cineshock fue un evento que disfruté sólo dos veces: una fue para ver Motín en el reformatorio de mujeres (1986), ese estupendo drama bollero carcelario, y la otra fue para ver Demoni (1985) en la sesión inaugural de Cineshock ( esa que derivó en una divertidísima batalla entre frikis y modernos).

Desde que me perdiera la proyección de The Burning, y debido al misterioso efecto de la sincronicidad, no he dejado de escuchar el nombre de esta película allá donde vaya. Hoy ha llegado el momento de verla, y hay varias cosas que quiero decir sobre ella.

Lo primero, y para aligerar texto en esta entrada, es hacer hincapié en la ochentera cartelería de la que dispone The Burning. Desde esta foto en blanco y negro tan El Hombre Elefante (1980), con ese sombrero tan de La Noche del Cazador (1955)

hasta este otro, mi favorito, que es muy de género y del cine exploitation.

Ahora atrevéos a decirme que después de ver este póster no os apetece ver la película.

The Burning sabe hacer varias cosas bien. Tiene el encanto de las películas de los 80, del cine de John Hughes y de la lozanía adolescente. A diferencia de otros slashers venideros, los adolescentes parecen adolescentes y se comportan de la manera absurda con la que sólo en los ochenta sabían comportarse. Ahora que tenemos en las pantallas Scream 4 (2011), que homenajea, ridiculiza y retoma los elementos más trillados del género, resulta bastante divertido escuchar en perspectiva frases como: “¿Quién anda ahí?” o “Vuelvo enseguida”. Puede que los nuevos slashers, revitalizados saludablemente por Wes Craven y Kevin Williamson gracias a la saga Scream, sean más inteligentes, mordaces e imaginativos, pero hay algunas cosas que se han perdido, y no podemos hacer otra cosa que no sea llorar por ello. Una de esas cosas es esta:

Ya no salen tetas en las películas slasher. No hay ningún tipo de erotismo. El sexo se produce fuera de cámara. No hay perversión y los asesinos ya no son perturbados sexuales.  Se ha perdido también el ligero ambiente homoerótico (pienso en Black Christmas de 1974 o en Suspiria de 1977), tanto entre mujeres como entre hombres ( hay un par de momentos en The Burning en la que los dos gañanes de turno se acercan de manera realmente sospechosa).

También se ha perdido, aunque probablemente por un intento de evolucionar en el estilo del género, ese uso confuso y abusivo de la visión subjetiva del asesino. Lo de la cámara moviéndose sinuosamente entre los árboles con la respiración del asesino es algo que hoy en día hemos dejado prácticamente en manos del telefilm alemán, y eso no es justo.

Efectivamente, las comparaciones son irremediables. El asesino de The Burning me recuerda mucho al estilo de psicópata inventado por Mario Bava y popularizado por Dario Argento. Ese asesino elegante y misterioso. Sombrero, gabardina y guantes de cuero negro. Un asesino cuya cabeza no vemos nunca, salvo posibles sorpresas finales (como en el caso que nos concierne). Mientras el slasher de los 90 y los 2000 oculta el rostro de su psicópata a través de máscaras y pelucas, en los 80, debido a la innegable influencia del giallo italiano, era la cámara la que impedía al espectador ver el rostro del villano. La comparación con Viernes 13 también es inevitable, si bien, Bob Weinstein, co-guionista, declaró más tarde que The Burning estaba basada libremente en una vieja historia de campamentos y que el guión estaba escrito antes de que saliera Viernes 13 (estrenada un año antes que The Burning).

Destacan en The Burning la absolutamente maravillosa escena de la balsa, y ese final tan imposible de los ochenta. Meterme a analizar las interpretaciones me parece de lo más absurdo. Esas cosas se las dejo a la gente de Blogdecine. Lo que sí hay que resaltar es ese gore sincero. Carne blandita y chorros de sangre que tan pronto es densa y oscura como del aspecto de zumo de uva.

Que esta película sea la primera aportación cinematográfica de los hermanos Weinstein me pone contentísimo por diversos motivos. En primer lugar, porque parece confirmar eso de que muchos grandes del cine empiezan tocando el género de terror (me viene, así de repronto, Dementia 13(1963) a la cabeza). Y además, da consistencia a la apuesta de los Weinstein por el cine de género -recordemos que son productores ejecutivos de cosas como Scream (1996), Grindhouse (2007) o el reboot de Halloween (2007).

Por cierto, para reboot, el de este blog.

¡Un abrazo!

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