Los Juegos del Hambre, distopía adolescente (Crítica sin spoilers)

Posted on abril 19, 2012

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Hace varios meses, descubrí a través de Twitter, este nuevo fenómeno teenager llamado Los Juegos del Hambre. Uno se da cuenta de que se va haciendo mayor cuando se entera de estas cosas cuando ya han explotado. Como siempre he sido muy de intentar entender estos fenómenos, estas locuras, compré sin pensarlo dos veces la trilogía completa, y en menos de 1 mes había leído los tres libros. Los libros, como todo bestseller adolescente, se leen gustosamente, aunque la trama emocionante que plantea el primer libro, se diluye hacia el final de la saga. En todo caso, tenía muchas ganas de ver cómo se había adaptado esta muy atractiva historia, con ecos a Battle Royale y a 1984.

La historia de Los Juegos del Hambre es simple y contundente. En un futuro desolador, el Capitolio tiene controlada a la población, distribuida en distritos. Una vez al año, cada distrito entrega a un chico y a una chica como tributos de un sádico campeonato en el que los jóvenes deberán pelear a muerte entre ellos, con el fin único de entretener a la élite del Capitolio.

El primer SÍ POR FAVOR de Los Juegos del Hambre es su actriz protagonista. Jennifer Lawrence es todo carisma y fotogenia, y además, una actriz soberbia. En 2010 nos dejó a todos locos con esa interpretación contenida y arrasadora de una joven desvalida en Winter’s Bone. Esta vez, Lawrence se mete en la piel de Katniss, otra adolescente obligada a madurar antes de tiempo, que tendrá que hacer frente a un imperio entero para proteger a su familia. Acompañando a Lawrence, actores de la talla de Donald Sutherland, interpretando al malvado Presidente Snow; Woody Harrelson, como Haymitch, mentor de Katniss; y  Lenny Kravitz (¡!) como Cinna, el único eslabón de Katniss con el Capitolio. Interpretando a los personajes juveniles, se suman un montón de rostros reconocibles por uno u otro motivo, y otros que debutan aquí, y que resuelven con dignidad su papel en los Juegos. Resalto, evidentemente, a Josh Hutcherson, que interpreta a Peeta, el compañero de Katniss por el Distrito 12. Un actor al que seguir muy de cerca (bueno, al que ya había que seguir desde The Kids are Alright).

En cuanto a la adaptación, Los Juegos del Hambre es hiperfiel a la novela. Esto es su virtud y su defecto. Los fans de los libros no podrán quejarse de que les hagan un El Prisionero de Azkaban para mejorar la película (Alfonso Cuarón alteró algunas cosas del tercer libro de Harry Potter, enfadando a los fans, pero consiguiendo la mejor película de la saga), pero como contrapartida queda una película larga, que se hace larga. Puede resultar que toda la parte “prejuegos”, resulte excesiva en metraje. Si bien, es cierto, que toda esa base es necesaria, no sólo para contextualizar la brutalidad de Los Juegos, sino para poder desarrollar las tramas de la segunda y tercera parte. Eso sí, viendo la película me pregunté en varias ocasiones si no habría sido más interesante una serie para poder dosificar toda la información que exige una historia de este tipo. Más, además, cuando en la película (punto a su favor), se esfuerza mucho en interiorizar en los personajes, recurriendo a muchas escenas intimistas, que podrían haberse quedado en el cajón en busca de la espectacularidad. En todo caso, la fiebre de Los Juegos del Hambre ( en USA lleva más de 300 millones de dólares recaudados), ya ha convocado nuevos productos a su sombra, como la serie ‘The Selection’ que prepara el canal adolescente CW. Hay distopía para rato.

Una cosa que me sorprendió muy mucho de la adaptación de Los Juegos del Hambre es lo poco blockbuster que es. En la forma, vaya. Una historia de adolescentes, con acción, romance y violencia, que poco tiene que ver con Harry Potter (extremo en aventuras), o con Crepúsculo (extremo en drama romántico). Para empezar, la realización es toda una sorpresa. El comienzo de la película es un auténtico festival de la cámara en mano. Tanto que llega a marear, la verdad. Pero es ya la primera ruptura del muro del blockbuster. Poniéndome un poco más insoportable, me resulta muy curioso comprobar como Los Juegos del Hambre es una película dirigida ya a un público mucho más avispado en lo audiovisual, con saltos de eje continuos y trucos de montaje que nuestros padres pueden encontrar un poco desconcertantes. A nivel de historia, por descontado queda que, una historia que podría haber recurrido a escenas de acción muy locas, va, sin embargo, a lo íntimo. No creo que sea tanto una cuestión de presupuesto (78 millones de dólares), sino de intención.

Es muy interesante la visión que se da en Los Juegos del Hambre sobre la cultura de lo frívolo, de lo espectacular. La gente del Capitolio viste de manera hortera, son adictos a la cirugía estética y consumen telebasura. En este sentido, el entorno tecnológico recuerda bastante al segundo episodio de Black Mirror. Los Juegos del Hambre serían el estado anterior al hiperdesarrollo tecnológico que plantea Black Mirror. Un gran acierto de casting colocar a Stanley Tucci como presentador histriónico de los Juegos del Hambre, y muy interesante, también, plantear en varios momentos de la película, ofrecernos la información sobre los Juegos como si estuviéramos atendiendo a la retransmisión en vivo del programa de televisión.

En definitiva, Los Juegos del Hambre es una producto teenager muy muy digno. Antes de ir al cine hay que quitarse todos los prejuicios. No es Crepúsculo. Es una readaptación de la fórmula de las distopías. Un 1984 para adolescentes, que funciona, y que promete mucho como saga. Además, ya ha aportado un nuevo icono cinematográfico. Katniss. Una trenza, un arco y un sinsajo.

Los Juegos del Hambre se estrena el viernes 20 de abril de 2012.

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