Alps, la vida es surrealista (Crítica sin spoilers)

Posted on abril 25, 2012

0


Alps-screen

Dice Giorgios Lanthimos, director de Alps, que le encanta que la gente interprete sus películas como les sale de ahí abajo. En 2010, hubo gente que vio en Canino, su anterior película, una reflexión sobre la situación económica en Grecia, país natal del director. Que digo yo, ¿de qué? Me parece más bien un caso de oportunismo sociopolítico, por parte de la crítica, que culminaría con el genio Godard rechazando su invitación a Cannes por “problemas de tipo griego”. Godard, genio y figura hasta la sepultura. Pero, dejando a un lado el tema de las interpretaciones artísticas, que no es el momento ni el lugar, resulta curioso como en el cine de Lanthimos cada espectador cree ver algo distinto. Dos personas pueden disfrutar la película posicionándose como espectadores en lugares opuestos.

En su momento vi Canino en un ambiente un poco hostil. Fui a verla a los cines Golem, en Madrid, que son unos cines muy majos, porque exhiben cine que ningún otro cine podría exhibir, pero que a veces puede encontrarte con un público con el que sólo te apetecería coincidir si Woody Allen está contigo en la cola. El público de Golem permanecía callado mientras los protagonistas de Canino hacían un baile absurdo, en una de las mejores escenas y, sin duda la más divertida, de toda la película. ¡No es posible! ¡NO ES POSIBLE! Estoy seguro de que mientras yo me sentía mal por reírme en tales circunstancias, ellos disfrutaban de la película a un nivel muy distinto al mío. Y sé que disfrutaban, porque se mesaban mucho la barba.

En todo caso, recuerdo que salí del cine fascinado por la originalidad de la historia de la película, pero un poco cabreado por la pedantería de su forma. Sigo sin comprender esa primera escena, que es donde se forma el pacto entre el director y el espectador, en la que los protagonistas mantienen una larga conversación en la que no se les ve la cabeza. Completamente gratuito.

En Alps, parece que Lanthimos se ha refinado un poco, y puede que eso le haya pasado factura. El comienzo de la película ya es muy distinto a lo que vimos en Canino. Una secuencia poderosa, que, con un corte bastante potente, ya te introduce de lleno en este peculiar universo de personajes, ya una firma de estilo del director. Se trata de personajes ariscos, inexpresivos, artificiales, que parecen estar interpretando en sus vidas una obra de arte sin gracia. Es en realidad esta actitud, que a muchos horroriza, la esencia del tono y el humor muy gamberro de Alps.

Como decía, la realización es aquí mucho más racional. Dentro de que se nota que a Lanthimos le pone palote Michael Haneke (¿a quién no?), no sentí el repeluco que a veces me invadía viendo Canino. Aquí todo fluye de manera mucho más natural. Puede ser que sea este refinamiento, como apuntaba más arriba, le haya hecho perder la contundencia de según qué escenas de Canino. Esta vez, todo tiene mucho más empaque, y se pierde parte de la inocencia con la que uno ve Canino. En Canino podría pasar cualquier cosa en cualquier momento. Esta vez, todo está mucho más atado.

El punto de partida, el tema, la historia, al igual que en Canino sorprende por su originalidad. Son temas muy políticamente incorrectos que, además, se desarrollan de manera muy políticamente incorrecto. Esta vez, Lanthimos recurre a la imposibilidad de aceptar la muerte de un ser querido. Al igual que Haneke (citemos de nuevo a Dios), Lanthimos busca el rechazo del espectador; provocar incomodidad. Sin embargo, mientras Haneke recurre a través de la hiperviolencia psicológica, Lanthimos diluye la violencia con humor absurdo. Estaría, en según qué momentos, más cerca del humor de Ricky Gervais, aunque dado la vuelta. Mientras Gervais crea personajes patéticos y reconocibles, a los que les ocurren situaciones patéticas y reconocibles; Lanthimos construye personajes imposibles que, en su consecución de situaciones imposibles, provocan la carcajada. Pero, además, en una voltereta mortal, Lanthimos contrapone estas situaciones absurdas imposibles (escena del tennis), con escenas absurdas de la vida cotidiana (baile de la tercera edad). Es como si le dijera al espectador: “¿Tú crees que esto es absurdo e irreal? Pues mira esto”.

En definitiva, Alps puede defraudar a los fanáticos de Canino, pero es, sin duda, una historia muy potente, contada de manera muy peculiar y con un tono muy salvaje. Es todo esto lo que puede llevar a añadir fans al carro, o cavarse su propia tumba.No es cine para todos los públicos. Y, oye, afortunadamente. Con eso ya cumple de sobra Intocable.

Posted in: Uncategorized