‘Cría cuervos’ (1975), la mirada de una niña

Posted on agosto 12, 2012

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El género de terror y  fantástico, de siempre (de toda la vida de Dios) se ha interesado por la mirada del niño. Las películas de terror más mejores del mundo mundial están focalizadas en personajes infantiles. Hay algo mágico y terrorífico en la manera que tienen los niños de ver el mundo. La inocencia infantil permite recrear pesadillas a las que los niños se acercan con la misma curiosidad con la que preguntan una y otra vez por qué esto o por qué lo otro. Nosotros (en teoría) ya adultos, nos identificamos con esa mirada infantil porque (en teoría) es algo que hemos vivido. Y así, nadie se pregunta por qué a Carol Anne le parece muy lógico mantener una relación de amistad con un ente que sale de su tele, o por qué Linda Blair se lo pasa bomba intentando averiguar con qué puto demonio está jugando a la ouija. Para los niños estas cosas son normales.

A pesar de que considero que  tanto ‘El Exorcista’ (William Friedkin, 1973) como ‘Poltergeist’( Tobe Hopper, 1982) son películas maravillosas, me interesan más aquellas historias que profundizan de manera más evidente en este manera tan guay que tienen los niños de ver el mundo. Películas como ‘La noche del cazador’ (Charles Laughton, 1955) o ‘Matar a un ruiseñor’ (Robert Mulligan, 1962), que quizá no son películas claramente de género, pero que en su puesta de escena construyen universos terroríficos. Universos en los que los niños se refugian de los momentos más difíciles de sus infancias

En España, que lo del cine de género se nos ha dado de siempre (de toda la vida de Dios) muy bien, tenemos ejemplos maravillosas que presentan a niños descubriendo mundos perversos. Películas más explícitas en lo fantástico como ‘El espinazo del diablo’ (Guillermo del Toro, 2001) o ‘El Laberinto del Fauno’ (Guillermo del Toro, 2006); algo místicas como ‘Marcelino, pan y vino’ (Ladislao Vajda, 1954),; otras muy truculentas y terroríficas como ‘Tras el cristal’ (Agustí Villaronga, 1987) y ‘ La mala educación’ (Pedro Almodóvar, 2004);  y,  sin duda los dos grandes ejemplos de este tema maravilloso: ‘El espíritu de la Colmena’  (Víctor Erice, 1973) y ‘Cría cuervos…’ (Carlos Saura, 1975), que es de la película que venía yo a hablar antes de soltaros este rollo.

En ‘El Espíritu de la colmena’, ese monstruo loco de la interpretación que es Ana Torrent, se hace amiga de un Frankenstein maqui. Cuando dicen que en España se hacen muchas películas sobre la Guerra Civil y la posguerra a veces me apetece decir que lo que pasa es que no se hacen suficientes. Con un episodio tan loco y tan reciente como fue la Guerra Civil, lo lógico es que queramos revisitar este periodo. Pero hay que acudir a él para cambiarlo, que lo que pasó de verdad fue muy feo.

Las similitudes entre ‘El espíritu de la colmena’ y ‘Cría cuervos…’ son notables. En primer lugar, claro, está el hecho de que ambas están protagonizadas por la misma actriz, Ana Torrent. Esta niña ofrece en las dos películas las interpretaciones más increíbles que he visto en un niño. Hay una escena en ‘Cría cuervos…’ en la que Ana Torrent está peinándose delante de un espejo, con la canción ‘¿Por qué te vas’ de Jeanette sonando en un tocadiscos. Mientras suena la canción, la niña comienza a imitar a su tía y  a susurrar: “Que se muera. Quiero que se muera”. Es un momento tan loco, tan psicópata, tan de verdad…

Ambas películas también construyen un universo fantasmagórico que funcionan como realidad paralela en la que la niña se refugia. Quizá el de ‘El Espíritu de la colmena’ es más fantástico, más conscientemente irreal. En ‘Cría cuervos’, esta especie de historia de fantasmas se ve alterada por la narración del relato, que salta del pasado al futuro y confunde a los fantasmas con los personajes vivos.

Coinciden también en la descripción circuncstancial del trauma. Quizá en el caso de ‘Cría cuervos…’ se nos muestra desde un punto de vista más freudiano, en el que se mezclan conceptos como el de la superación de la muerte de un padre, el descubrimiento del sexo, la incapacidad de amar a un ser querido. Todo demasiado guay.

Pero, sin duda, lo que convierte a ‘Cría cuervos…’ en una película excepcional, es ese toque muy Carlos Saura de convertir un relato  principio más o menos convencional ( a pesar de los pequeños toques fantásticos), en una historia muy turbia que, a medida que avanza la película, va creando ese desasosiego tan gustoso que Saura consigue a la perfección. La descripción de una niña psicópata que simplemente concibe la muerte como algo muy simple. Como un juego. Esto que se va cocinando durante la primera parte de la película, se confirma de manera salvaje en el tramo final. La traca final.

‘Cría cuervos…’, sin duda una de esas muchas grandes obras maestras del cine español.

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